Reseña de la novela ‘Bajo el manto de la araña’ (Maruja Moyano), escrita por Manuel Fernando Estévez Goytre

 

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Cubierta de la novela ‘El manto de la araña’ (Ed. El alquimista ciego, 2018)

Maruja Moyano nos ofrece una obra de alta calidad literaria que no tiene nada que envidiar a los grandes thrillers. Una afirmación arriesgada, se puede entender, pero fácilmente verificable una vez leída la novela. Se trata de un libro muy ambicioso en cuanto a estilo y argumento que, más allá de las exigencias de un lector standard y conformista, se adentra sin complejos en la espesura del género negro. Y lo hace por la puerta grande. Desde las primeras páginas deja claro que ”Bajo el manto de la araña” no es una novela al uso; no es, ni mucho menos, un best seller escrito con la sola intención de vender; no es, en definitiva, literatura de usar y tirar. Tres negaciones. Y tres negaciones seguidas de algunos de los males más comunes en las letras de nuestros días dicen mucho de ella. Pero no solo eso, sino que el continuo buen hacer que impregna el texto así lo demuestra en la práctica desde el principio hasta el final.

 

La presente edición consta de un prólogo y quince capítulos de moderada extensión, cada uno de ellos dotado de un fuerte carácter o, lo que viene a ser lo mismo, suficientemente diferenciados entre sí. En ellos se crean unos conflictos que a raíz de la explosión inicial generan a su vez nuevos conflictos que, como las aguas de varios arroyos, acaban entregándose a un torrente que soporta, por un lado, las buenas intenciones de los protagonistas, y por otro las miserias, los pesares y la perversidad de los antagonistas.

El lector que disfruta con la novela de suspense es un lector generalmente atraído por la acción y el movimiento, constantes que la autora nos regala en cada uno de los capítulos que estructuran la narración. El comienzo no puede ser más ilustrativo. Un piloto encendido a tener muy en cuenta para la comprensión del resto de la trama. Maruja se zambulle de cabeza en un primer capítulo en el que, a modo de introducción, implica a varias personas en un asesinato. A su alrededor girará toda la trama, si bien puede despistar un poco el nombre que asigna a los personajes en estas primeras páginas. Habría que decir, quizá a favor de la autora, que busca un apoyo frecuente en símbolos externos. Sirva como ejemplo el ron y los cubitos de hielo a los que hace alusión en esta primera escena. Aunque pueda dar la impresión de que son recursos muy explotados, no dejan de ser detalles interesantes y, sobre todo, positivos para una obra de estas características.

En el segundo capítulo la historia comienza a tomar cuerpo. Maruja cambia de tercio, nos presenta al equipo de policías que se encargará de resolver el caso y nos muestra el escenario del crimen. Si la introducción es el detonante de una historia prometedora, a partir de este momento la acción se puede calificar de seductora y absorbente. Es el momento de romper con lo anterior y sumergirse en un mundo de intriga bañada de altas dosis de realidad que no darán tregua al lector hasta el desenlace de la obra. Recomiendo tomar asiento cómodamente, respirar antes de entregarse a la lectura y, como dejó claro el compañero Leo Mazzola en la presentación de su última novela, “Sueños de Luna”, preparar bolígrafo y papel para tomar cuantas notas sean necesarias. Se necesitarán para seguir el hilo de la trama. La autora tiene una sed insaciable de aventura y desventura que no deja de hacerse patente en el texto y que ofrece a sus lectores con generosidad.

La narración no decae en ningún momento, ya desde el comienzo de la historia se galopa a lomos de una trama que no deja de seducir página tras página, intercalando unos capítulos en los que la tormenta sobreviene cuando el texto lo exige para continuar con una calma que permite tomar un poco de aire para saborear lo leído.

Habría que resaltar que la novela es prácticamente lineal (aunque tiene alguna que otra evocación al pasado). Siguiendo un escrupuloso orden cronológico, comienza el domingo, 4 de diciembre, y se extiende hasta el martes, 13 del mismo mes. En cuanto al estilo, decir que cubre con creces las expectativas de este tipo de novela. A la autora no se le caen los anillos por hablar de cosas rutinarias, “El móvil comenzó a zumbar sobre la mesita de noche. Se tapó la cabeza con la almohada y maldijo aquel sonido y el endiablado aparato que lo producía”. Mantiene el ritmo (muy bien llevado, por cierto) durante toda la obra, no hay capítulos demasiado largos ni, por el contrario, demasiado cortos. Las escenas y los escenarios, así como los personajes, aparecen y desaparecen en el momento justo, sin que se echen de menos ni estos ni otros ingredientes añadidos. Las frases en general mantienen una construcción clásica, es decir, sujeto más verbo más complementos, evitando estructuras complicadas que a fin de cuentas no hacen más que dificultar la velocidad y la comprensión de la lectura. Los sustantivos se refuerzan con unos adjetivos muy bien escogidos y los verbos aparecen en el tiempo y el modo correctos, utilizando, a modo de ejemplo, el pasado perfecto para mayor agilidad del texto.

Por otra parte, aunque es la primera oportunidad que tengo de leer una obra de Maruja, he que decir que estamos ante una auténtica profesional del género. Me quito, pues, el sombrero ante ella.

La autora cita algunos locales, hoteles o edificios (reales o no) de Valencia, donde se desarrolla la acción, como el Restaurante don Benito, los Pub The Urban Bus y Mr. Jack, el Hotel Royal Star, el Motel Jacaranda, el Cabanyal, el Hospital la Fe o el Barrio de Benimámet, detalle que aporta al libro una dosis extra de realismo, muy necesario en la novela de nuestros días.

La obra está envuelta desde un principio en un halo de misterio muy interesante, a través del cual se va tejiendo poco a poco la tela araña que rodea el asesinato de Alberto Montoro. Por otra parte, Maruja Moyano nos sumerge en un mundo de huelgas, comités, crisis, desahucios, despidos, eres, lavado de dinero negro, clubs de alterne o mafia rusa, como ingredientes que aderezan y dan cuerpo a una trama ya de por sí autosuficiente. En definitiva, escribe sobre una sociedad en la que cualquier individuo puede ser corrupto. Conoce perfectamente la rutina de la investigación policial y sobre todo deja un mensaje claro: la sociedad es corrupta desde hace siglos, quizá desde sus albores, y no tiene solución. El comisario Torralba lo explica bien en las últimas páginas.

En cuanto a los personajes, la autora los dota de personalidad propia. Construidos según la exigencia de la obra, los hay más o menos condescendientes o con más carácter. Tienen conocimientos (como no podía ser de otra forma, habida cuenta de que muchos de ellos son funcionarios del orden público) policiales que otros, lógicamente, no tienen. Son independientes unos de otros y si no evolucionan más a lo largo de la obra es porque la narración no lo requiere. Sin embargo, esto no quiere decir que todos sean planos, algunos de ellos son redondos. A este respecto habría que decir que la evolución de la inspectora Rizos es palpable a través de los capítulos, así como la del comisario Torralba, de Milenka Petrova o de alguno de los implicados en el asesinato de Alberto Montoro. No los fuerza, actúan con naturalidad según el texto lo va demandando, y les atribuye una libertad que ellos mismos van utilizando para salir airosos de las situaciones y conflictos que se van planteando a lo largo de la novela, que no son pocos. Maruja no se apoya en largas descripciones, que por otra parte pueden resultar aburridas e innecesarias, para situar en escena a los personajes, sino que deja que sus rasgos emerjan sobre la marcha a la superficie de la historia que cuenta, que sean ellos quienes se definan a sí mismos a través del diálogo o de su forma de actuar, como mandan los cánones de la literatura de calidad.

La protagonista es la inspectora Susana Rizos (Susi), una chica trabajadora y operativa, separada de un matrimonio que no duró más de 15 meses, condescendiente con sus subordinados e implacable con los delincuentes. Manda un equipo de dos subinspectores: Sánchez y Carrasco. Entre los personajes principales, además de los subinspectores citados, está Alberto Montoro Gálvez, muerto por asesinato, un hombre adinerado de 52 años; Vicente Girard, senador, amigo del fallecido; el comisario Torralba, jefe y amigo personal de la inspectora; Gerardo Hurtado, amigo del muerto; Carlos, hermano de Susi, y Mila, su esposa; Amparo Fenoll, fiscal anticorrupción; Milenka Petrova, acompañante del muerto; Mijail Berezutski, mafioso, propietario de un club de alterne; Raúl Bertomeu, sustituto de Torralba. Además, a medida que avanza la obra se va deshojando el extenso elenco de personajes que la compone: Germán Valverde, Constanza Beneyto, Margarita Pastor, Carolina, Graciela, Dolores, Mónica, Gabi o Pilar del Río, entre otros muchos.

Para que el lector finalice la lectura con un buen sabor de boca, como suelo acabar mis reseñas, dejo un breve fragmento del texto:

Rizos atisbó por la ventana acristalada del box donde yacía Milenka, libre de algunos de los aparatos que la habían mantenido con vida hasta ese momento. Enseñó su credencial a uno de los enfermeros. Este hizo un gesto afirmativo con la cabeza y la inspectora entornó la puerta asomando la cabeza. En la estancia, las camas estaban separadas por una cortinilla colgada de un riel. La cama cercana a la puerta estaba vacía y podía ver, más allá, la parte inferior del cuerpo de Milenka bajo la manta”.

Sin más que decir, por todo lo expuesto anteriormente y por otros aspectos de la novela que probablemente me deje en el tintero, podemos afirmar que “Bajo el manto de la araña”, de Maruja Moyano, es una novela de una lectura muy recomendable, bien estructurada, bien escrita y bien documentada, en la que cada elemento se sitúa a la altura que el lector más preparado de este género puede exigir y que la autora consigue con creces.

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2 respuestas a “Reseña de la novela ‘Bajo el manto de la araña’ (Maruja Moyano), escrita por Manuel Fernando Estévez Goytre

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