Reseña de la novela ‘Tiempos de sal’ (Lola Fernández), escrita por el filósofo Francisco Martínez Bouzas

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Cubierta de la novela ‘Tiempos de sal’ (Playa de Ákaba, 2017. Colección La historia que contamos)

Una autora novel debuta en los territorios, muchas veces poco agradecidos, de la escritura ficcional. Me refiero a la cordobesa de nacimiento, pero residente en Cataluña, Lola Fernández Estévez, cuya vocación de escritora la tiene muy clara desde sus años adolescentes, si bien hasta el año 2010 hubo de posponer sus propósitos. No obstante, había llegado la hora, una hora que le exigió renunciar prácticamente a todo, a sus negocios y actividades. Ahora nos sorprende gratamente con Tiempos de sal, novela ganadora del 1º Premio Editnovel. Un título acertado y muy sugerente rotula una historia en la que confluyen diversos hilos narrativos, todos ellos, excepto el desenlace, ásperos y amargos como la sal.

Una narradora homodiegética nos cuenta, desde dentro de la diégesis y como principal protagonista, una odisea construida de dolores, calvarios, frustraciones, esclavitud. También de sorpresas y sobresaltos y algún momento de sonrisas y felicidad.

La novela pone en evidencia el dominio del hombre sobre la mujer. Lo constata Judith, la protagonista principal, que es testigo de que, en todas las historias que se desarrollan a su alrededor, siempre había una mujer víctima de los abusos de un hombre. Y ella es la primera víctima, porque su ilusión de empezar una nueva vida en España y trabajar durante el período de un año para pagar la deuda contraída con la agencia ecuatoriana que la había convencido de que le habían encontrado un trabajo en España, se ve frustrada nada más pisar tierra, al ser secuestrada por una mafia de trata de mujeres y forzada a ejercer la prostitución. Comienza así una historia de esclavas que estará presente, como tema subyacente, en buena parte de la novela; y que la autora desarrolla con realismo, sin disimular los hechos y los atropellos de una terrible explotación. El mes en el que la protagonista se vio forzada a ejercer la prostitución es el cruel paradigma del esclavismo de nuestros días, debido al afán insaciable y ancestral de ciertos hombres de someter a los más débiles. Y los más débiles son primordialmente las mujeres. Lo fueron históricamente y lo siguen siendo en el presente de nuestros días.

La protagonista conseguirá escapar de sus depredadores y refugiarse en una mansión-castillo habitada por una señora ciertamente peculiar. Sin embargo, los proxenetas darán con ella y con una amiga a la que había conseguido rescatar y la perseguirán; y el mismo hecho de haber ejercido la prostitución, aunque había sido en contra de su voluntad, acabará actuando en el subconsciente de la protagonista como una impronta difícil de borrar. Una marca maldita que estará presente en gran parte de la novela. Sin embargo, tras un intento de violación, esa mujer especial que la había confundido con una asistente que una agencia le iba a enviar, cambia su actitud hacia ella. Y sobre todo se desahoga contándole su vida. Son los años de sal de Isabel, la moradora del castillo, encerrada por el padre, junto con su madre, durante cinco años, en un cuarto de tortura por oponerse a su voluntad y ser madre de una niña. Una tortura que visibiliza a través de una personalidad desequilibrada. Es la sal negra que alimenta su parte vital que se niega a emerger. Tiene un pie en el presente y otro en el punzante pasado.

La autora hace transitar con naturalidad y coherencia la historia de prostitución a la de la lucha contra los proxenetas y al buceo en el pasado de la dueña del castillo, que convierten al relato en una verdadera novela de aventuras y en una trama detectivesca, una historia de amor y en un descubrimiento intensamente gratificante para los personajes que participan en la novela desde el lado de los “buenos”. Porque, en la novela, aunque sin maniqueísmos, hay buenos y malos.

El desenlace de la trama que no spoilearé -esa es la obligación del crítico-, es tan inesperado que se convierte en inverosímil: se produce lo que el lector difícilmente puede sospechar y que mantiene en vilo su atención a lo largo de un relato que la autora sabe graduar con acierto, dosificando a medida que avanza aquellos datos que considera necesarios para la coherencia de la historia y para mantener expectante la atención lectora. Pero lo inconcebible e inverosímil de un desenlace no debe desvirtuar una historia de búsquedas dramáticas, investigación policial y detectivesca, porque en la ficción – he aquí su magia- todo es posible.

Con ese final imprevisto se acaban los tiempos de sal, de dolor, de tortura y frustración. Una novela de esclavitudes, con buena dosis de intriga y misterio, dominada por la fuerza de la principal protagonista que es capaz de soportar y sobrevivir a la esclavitud y opresiones a las que la someten sus depredadores.

En el haber de la novela registro, sobre todo, la acuidad con la que Lola Fernández Estévez hace encajar las diversas piezas de un puzzle complejo. Una estructura narrativa compuesta, como he dicho, de diversos aportes diegéticos y que la autora amalgama con coherencia. Es destacable así mismo la destreza de la escritora a la hora de lograr una perfecta integración de un abanico de personajes y de sus acciones que se orquestan en una organización superior dotada de solidez. También reseñable el equilibrio que existe entre los dramas internos de los personajes y la acción, abundante pero bien dosificada mediante un ritmo cuidado y la coherente adecuación de los elementos narrativos que evitan que existan contradicciones en una trama compleja, que formula además con radicalidad algunas de los grandes interrogantes sobre la enredada y oscura naturaleza humana. Con dominio de una adecuada plasticidad a la hora de acompañar a la trama con buenas descripciones, tanto de los espacios y ambientes como de los fenómenos atmosféricos. Y a los personajes delineados no solo por sus acciones, sino también por una penetración sagaz en su psicología.

Un estilo de prosa ágil y correcto en el que abundan elementos metafóricos especialmente en la primera parte, metáforas que no deslucen, sin embargo, este plausible debut de Lola Fernández Estévez en la escritura de ficción, con una historia de esclavas y de amarga sal.

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