Reseña del libro de cuentos ‘Maestro, extráigame la piedra’ (Gabriel Rodríguez García), escrita por Javier Molina

Esta obra ganó el Premio de cuentos Fundación Monteleón en 2014

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Cubierta del libro de cuentos ‘Maestro, extráigame la piedra’ (Éolas Ediciones, 2014)

“Maestro, extráigame la piedra” es el libro de debut de Gabriel Rodríguez García. Se trata de una fantástica colección de cuentos cargados de frescura e ironía. Un libro de autor por su particular modo de mirar al mundo y en el que despliega a medida que se suceden los relatos una batería de recursos que nos hablan ya de un escritor hecho y derecho. Y lo hace desde la elección misma del título, que podríamos definir como un desafío al lector que tiene enfrente, como una invitación algo provocadora y que lleva implícito el sarcasmo. Así son además sus cuentos.

El libro abre con “Jack, Molly, etc…”, una historia ambientada en el oeste americano, durante la fiebre del oro, poblada de gente sin escrúpulos que hace lo posible por sobrevivir y progresar, aunque sea a cambio de su propia dignidad. El dinero es el medio para ello y una nueva forma de esclavitud.  En realidad se trata de una fábula sobre la actual crisis económica. Si un extraterrestre llegara de pronto a la tierra y me preguntara qué es una crisis económica le daría a leer este cuento: aprendería y a la vez pasaría un buen rato.

Los cuentos van sucediéndose en escenarios variopintos y con una visualización tan clara y precisa que te hace entrar enseguida en las tramas y seguir el deambular de los personajes que son tratados en el fondo con un punto de ternura. En la colección se alternan relatos de media y larga duración con narraciones que se acercan al microrrelato. De entre estos cuentos destacaría “Nosotros que nos queremos tanto” (genial) y sobre todo “En el año de la victoria”, un relato contado a la antigua, es decir con alma de narración oral. No podía ser menos para una historia ambientada en el África más remota y ancestral.

Y esto es algo que quisiera destacar de todos los cuentos en general de este libro. Tienen una buena cadencia sonora. Estoy convencido de que esto no es casual, que ha leído en voz alta el fraseo para encontrar las palabras adecuadas que encajen bien musicalmente. Eso lo hacen los buenos cuentistas. Y el otro rasgo que destaco en estos cuentos es el humor con gotas de surrealismo, que permiten una mirada sarcástica de la vida. Pero no se le va de las manos. Si se me permite la contradicción, se trata de un surrealismo compatible con situaciones del mundo real.

Es un equilibrio difícil de conseguir. Otros escritores españoles de su generación, como Juan Carlos Márquez o Matías Candeira, siguiendo la estela del profesor Ángel Zapata, buenos cuentistas que hoy día gozan de prestigio, traspasan en sus cuentos esa línea de la que hablo para presentarnos historias de una realidad exageradamente deformada y que en ocasiones les acercarían al surrealismo figurativo (si se me permite la expresión). Gabriel Rodríguez no llega tan lejos y toma la distancia adecuada para narrar las historias desde el lugar que le permita mostrar a esos personajes moverse por su mundo, para seguir siendo aceptados y seguir formando parte de él. Aquí nadie se rebela, ni siquiera el personaje protagonista del cuento “El seductor”, que es quizá el personaje que más motivos tendría para hacerlo. Al contrario, se nos muestra abatido, resignado. Rebelarse no entra en sus planes.

Y siguiendo esa línea está el que considero el cuento más logrado, “Vida social”. Es el relato que sintetiza ese estilo sarcástico con ese personaje que en lugar de rebelarse sigue la farsa, en un teatrillo del absurdo, creando una vida paralela en las recreaciones de grandes batallas en miniatura, como una metáfora de lo que significa su propia vida, algo inanimado, falso, de pega, una vida que tiene a su protagonista como único testigo. Y ese detalle de acudir a las esquelas de los periódicos para incorporar a ojos de su madre un nuevo amigo, es muy brillante, sencillamente genial.

Tiene cuatro o cinco relatos experimentales que podrían desconcertar al lector más ortodoxo, pero en general, para una colección de 22 cuentos es de destacar que no decaiga el nivel, como en “Los revolucionarios somos así”, otro de los mejores relatos del libro. En fin, solo recordaré que este libro ganó el año 2014 el premio de cuentos Fundación Monteleón, el antiguo Premio Caja España, nada menos.

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