Reseña de la novela ‘La muerte alucinante de Lautréamont’ (Sergio Arrieta) escrita por El Gato Trotero

“…Al llegar a este punto, los hombres empezarán a levantar las cabezas, adquiriendo de nuevo valor, y, para ver quién esta hablando, alargarán el cuello igual que caracoles. De repente, su rostro alterado, descompuesto, se deformará en una mueca tan monstruoso que incluso los lobos quedarán aterrorizados. Todos a la vez, los hombres se enderezarán de golpe, como un muelle gigantesco. ¡Cuántas imprecaciones!¡Qué clamor de voces! Me han reconocido. Y he ahí que los animales terrestres se unen a los hombres y hacen oír sus extraños alborotos. Ningún odio divide ya a ambas razas. El odio de cada uno está dirigido contra el enemigo común: yo. El consentimiento universal les une. Vientos que me estáis transportando, levantadme todavía más alto: temo la perfidia. Sí, desaparezcamos, poco a poco de su vista… Adiós, viejo, y piensa en mí, si me has leído…; y tú, joven, no desesperes. En efecto, tienes en el vampiro a un amigo, aunque seas de otra opinión. Si además, tienes en cuenta el ácaro sarcopto que te pega la roña, ¡tendrás dos amigos!…”
 
(Ton ami le vampire, Isidore Ducasse)

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Cubierta de ‘La muerte alucinante de Lautréamont’ (Playa de Ákaba, 2016)

Hace un par de décadas, y por casualidad, aunque bien pudo ser el Destino disfrazado de azar, un chico con el que tenía mi primera cita e intentando impresionarme, me llevó a tomar unas copas a un curioso lugar de la “Ciutat Vella” de mi ciudad, el casco antiguo, un lugar de peculiar nombre en el cual, ni dicho nombre ni su decoración te dejaban indiferentes; el chico estaba muy emocionado por descubrirme tan especial lugar y sobre todo, por ver mi reacción al llegar al sitio en cuestión.

Empeño no le faltó y voluntad tampoco. La cuestión es que yo el lugar ya lo conocía, había estado un par de veces, y es que me encantaba aquel gótico espacio, el color, el aroma y el sonido del mismo; pero callé al ver la cara de “tachán, sorpresa” que puso el chaval en cuanto llegamos a la puerta. Intenté mostrar estupefacción, lo juro, pero no debí hacerlo muy bien porque mi acompañante quedó algo decepcionado por mi falta de entusiasmo, aunque intenté compensarle sorprendiéndome muchísimo cuando bajamos al sótano y un vampiro nos recibió en la mesa, incluso fingí asustarme y me abracé a mi amigo especial ¡Ay, que susto! dije.
Ahí ya se puso más contento, tanto que ejerció de perfecto protector no soltándome la mano en un buen rato. Pero la sorpresa de verdad vino casi al final de la velada, cuando ya pensábamos en marcharnos, y aquí si que no pude fingir porque no me esperaba lo que iba a suceder ante mí: un tipo de pelo largo, vestido con traje chaqueta decimonónico y con sombrero de copa, se levantó y se puso a declamar unos versos, o unas intensas frases, no sabría decir muy bien que era lo que salía de la boca de ese hombre, solo que su voz, su entonación, me atraían como la luz a un insecto.
Al final de su relato y ante un silencio sepulcral, dijo: Ton ami le vampire, de Lautréamont. Él calló y la gente aplaudió. Y al fin, esa noche, en el Cristopher Lee, tras las Torres de Quart, alguien logró soprenderme muchísimo…
EL LIBRO
En un simple formato de bolsillo, con las tapas blancas resalta en negro y mayúsculas el nombre y apellido del autor, y justo abajo, en azul, el título de la obra. Abajo, a la izquierda el logo de la editorial Playa de Ákaba. Sabiendo de mi obsesión-fascinación por las portadas, los que ya me conocen me dirían que qué es lo que me ha atraído de este libro si esta vez no he sucumbido al embrujo de una portada que me habla y me induce a leer.
Esta vez ha bastado una sola palabra para lanzarme de cabeza a la lectura de este libro: Arrieta. Aunque conocía al autor como poeta sobre todo, había leído un libro de relatos suyos que me gustaron bastante, y la curiosidad me pudo; necesitaba saber que nos contaba esta vez ¿Podría un poeta “baudeleriano” arrancarnos intensos sentimientos a través de la prosa? entonces leí la sinopsis y no lo dude. Podría y lo haría sin duda alguna. Un poeta singular hablando de otro poeta peculiar. Y esa portada, como un lienzo en blanco ¡Todo podría suceder en su interior! me encantó la falta de pistas ilustrativas.
El libro frente al lector.
SINOPSIS
En la noche de su misteriosa muerte, el conde de Lautréamont, ebrio de dolor físico y anímico, es asaltado por una violenta inspiración. Una novela se esboza en él, pero sabe que jamás podrá escribirla, ya que se está muriendo.
Durante 146 años, Lautréamont ha iniciado a poetas anónimos bajo la forma de un aparecido, con el fin de que escribieran esa novela para él. Todos han fracasado y desaparecido durante sus viajes iniciáticos, salvo el protagonista del libro, que en estos momentos, está en coma.
Desde hace unos años, el comisario Paul Vaillant y la inspectora amnésica Béatrice de Lorelle investigan «el caso Lautréamont», ayudados por una vidente. A este equipo de investigadores, se le unirá un estudioso español de Los cantos de Maldoror, que afirma haber tenido entre sus manos la misteriosa novela, ya publicada. Finalmente, tras una extraña investigación, dicho equipo perseguirá a Lautréamont a través del universo de las catacumbas y alcantarillas históricas de París, mientras este último arrastra al alma del comatoso hacia un misterioso a la par que inquietante destino…
 
LA OPINIÓN DEL GATO

Me gusta que un libro me desafíe, en realidad lo necesito si no quiero caer en la lectura mecánica del mismo, si no quiero que se me olvide en lo que tardo en cerrarlo y dejarlo en la estantería; y no es fácil, porque libros buenos y entretenidos hay bastantes (afortunadamente) pero libros que te remuevan por dentro y trastoquen tus -hasta ese momento- inafranqueables convicciones sobre lo que debe ser una novela dentro de un género inamovible. Si se trata de una novela negra, esperas leer una novela negra. Si es una novela de misterio, esperas leer misterio. Si es una novela gótica, esperas leer una novela así. Y por supuesto esperas que cumpla las normas de dichos géneros, un buen planteamiento, un nudo trepidante y un desenlace de vértigo.

Pero tengo que confesar que a mi los dogmas me aburren, pues solo soy purista en cuestión de paellas -y cada vez menos- pues hasta en el flamenco me gusta el mestizaje, y no digamos en las razas; por eso, necesito que un libro me sorprenda de tal manera que me deje perpleja y sin palabras, con lo que cuesta hacerme callar, que me abduja de tal modo que se me olvide si estoy leyendo o estoy delirando en un duermevela ¡Que me ponga tan nerviosa lo que está sucediendo delante de mis narices que leer un poco más es la única opción para acallar esas mariposas! y lo mejor de todo: que cuando cierro el libro siga pensando en él y comience a ver similitudes entre la realidad y la ficción. Puede que alguien lo llame locura, yo lo llamo leer una historia ¡la ostia de buena! ea.
Hacía mucho tiempo que no había oído hablar de Isidore Ducasse, Lautréamont, y es que la primera y última vez que lo hice fue en un oscuro y siniestro -a la par que seductor- local, fue algo tan imprevisto y novedoso que ni siquiera supe si aquel relato de un tal Ducasse era real o un invento del poeta de antro y humo del momento, solo me dejé llevar por las palabras y la voz del cantor de prosas. En una época en la que no existía internet y las enciclopedias eran más dogmáticas que los diez mandamientos, saber algo más sobre aquel Conde de Lautréamont era casi imposible, nada ponía en ellas al respecto y las personas a las que preguntaba o no sabían de qué les hablaba o las pocas que si lo conocían se limitaron a decir: un poeta maldito tétrico y oscuro, o algo así…
Solo una persona me dijo algo más sobre Isidore, y no fue mucho, me habló de los Cantos de Maldoror pero no supo recitarme ni una estrofa entera, tan solo que “iba de un océano o algo así” y eso fue todo entonces. Con el tiempo se me olvidó el tema, el nombre y la noche en el “Lee”; pero hace unos tres años, más o menos, de casualidad nuevamente o de Sino disfrazado de nuevo, buscando un relato en la red, me topé con un blog en el cual hablaban de los Cantos de Maldoror, entré y allí estaban, uno tras otro ¡voilà! y el hallazgo me hizo sonreír y recordar una ya lejana noche en la ciutat vella.
Cuando supe el título de la novela de Arrieta, me dije ¿Lautréamont? ¿Será aquel poeta? ¿Lautréamont? y ya con el libro en la mano y la sinopsis en mi cerebro grabada, tuve muy claro que si alguien podría escribir algo sobre ese extraño personaje no era otro que Sergio Arrieta, y que si había que darle una vuelta de tuerca a la historia y de poner lo de abajo arriba y lo de arriba a abajo, era él (esta frase aunque aparece en el libro, juro que la pensé antes de leerlo).
El autor es un poeta poco al uso, al uso actual diría, pues Arrieta es un trasnochado del romanticismo, y lo digo no solo con la mejor de las intenciones, si no con el orgullo que conlleva encontrar al último inmortal del género; su intensidad poética y el haber mamado el néctar de los intelectuales decimonónicos convierten al escritor en único en su especie, y digo especie que no género esta vez, porque hasta que alguien me demuestre lo contrario, no conozco otro hoy en día con su bagaje de conocimientos de la materia  y su cortés pluma, hasta maldita me atrevería a decir, por osar resucitar a ciertos muertos.
De principio a fin, La muerte alucinante de Lautréamont, nos sumerge en el lado oscuro de la pasión, o pasiones, pues nunca es una sola la que mueve al mundo, sino tantas como apasionados existan; el lector se ve envuelto como en una tela de araña por las historias dentro de la historia, que hacen, una a una, hasta ser solo Una, que pensemos como su “escritor en coma”, que nos involucremos como su “lector español”, que nos desesperemos como “el inspector Vaillant”, que nos confudamos como ” De Lorelle”, que veamos más allá de nuestros ojos como “la Dupoix” y que enloquezcamos de cordura como “su Conde”. Un relato alucinante, delirante, enloquecedor, fantasmagórico, surrealista, como surgido del delirio de un fumador de opio o un consumidor contumaz de absenta.
¿Se puede ser más gótico-romántico? ¿Se puede viajar de otra manera al siglo XIX y no estar loco? Imaginarlo de otra manera. Juntamos a Baudelaire, Maupassant, Dante, Poe y Pizarnik, y obtenemos a Lautréamont, añadimos a la mezcla a Jim Morrison, Janis Joplin y Kurt Cobain y tenemos la mente creadora de Arrieta, volvemos a dar una vuelta de tuerca colocando de nuevo lo de abajo a arriba y viceversa, incluimos en tan caleidoscópica mezcla a James Dean, Brandon Lee y Matthew Garber, y ahora si, ahora tenemos la Historia de historias, la locura más bella que se pueda alcanzar: La muerte alucinante de Lautréamont.

Y es que si Lorca (cito el texto de Arrieta) dijo que a los muertos no les gusta el número dos, el autor no deja en ningún momento en toda la novela de utilizar la dualidad tanto en el fondo como en la forma, y es que debe ser que está muy vivo, pues el dos es el número implícito y explícito en la novela. Me encanta, y os encantará ese juego de dos en dos: dos ciudades, dos mujeres, dos lectores, dos escritores, dos realidades…y si dos por dos son cuatro, no podían faltar en este cabalístico pensamiento, los cuatro elementos de la naturaleza, pero su papel en la novela lo tendrán que descubrir los lectores, pues para mi, es una de las partes más importantes de la historia. No había realizado un viaje tan sepulcral y revelador desde que acompañé a Dante cornisa a cornisa, claro que, su Virgilio era menos tétrico y seductor que Lautréamont.

Arrieta ha creado un relato que surge de las últimas gotas de la absenta creadora decimonónica, aquella de la que bebieron los grandes románticos y cuyos efluvios se guardan en cada página de su novela.

LO MEJOR DE LA NOVELA: Las citas a lo largo de todo el libro, son fabulosas. Los poetas y músicos que nombra son iconos en su género y coinciden con mis favoritos, leer se convierte en doble placer.

LO PEOR DE LA NOVELA: Si eres algo miedoso, te quitará el sueño. Es más, si eres miedoso, enfréntate a tus miedos y léela.

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